domingo, 30 de noviembre de 2008

Abismo


Se adentró en el bosque, escuchando tan sólo su propio jadeo cansado por la carrera. Esquivaba los árboles con velocidad, saltando las ramas caídas y las pequeñas piedras, sin seguir un camino concreto, dejándose llevar por lo que el propio bosque le sugería, como un pajarillo escapado de su jaula, sintiéndose libre por completo. Notaba el aire metiéndose entre los mechones de su largo y ondulado pelo, golpeando contra sus ojos, impidiendo que los abriera por completo.
Sentía los pequeños rasguños que le producían en los brazos las ramas más bajas de los árboles que no lograba esquivar del todo. Y el sol de la mañana posándose sobre su fina piel.
De pronto el bosque acabó, ella se detuvo en seco pues a sus pies se abría una inmensa grieta de muchos metros de altura. La visión de este increíble y abrupto paraje la hizo sobrecogerse.
¿Era quizá, la libertad más salvaje que el cautiverio?
Y en aquella cornisa sonrió y decidió que tendría que descubrirlo ella sola.
Observo detenidamente el valle, ya sin ningún temor y alcanzó a ver una pequeña senda entre los altos matorrales que allí crecían sin control aparente.
Dio un paso más y continuó su camino adentrándose en lo que le parecía una tierra paralela y a la vez opuesta a su anterior mundo. El camino aunque escarpado no fue muy difícil de descender y una vez abajo le gustó contemplar el trabajo realizado.
Allá arriba quedaban todos sus temores.

viernes, 28 de noviembre de 2008

... Y así comenzó


Salí de la habitación dando un portazo, con los zapatos en la mano y el rimel corrido por las lágrimas.
Me coloqué el vestido negro y me dispuse a ponerme los zapatos cuando oí a mi espalda.

-Perdone, ¿tiene fuego?

Sabía perfectamente que aquella planta era para no fumadores. El capullo de la 143 no soportaba el humo del tabaco. Siempre me estaba dando el coñazo con que apagara los cigarrillos.

-Claro -contesté al caballero que me miraba y busqué en el bolso un mechero mientras me secaba las lágrimas con el dorso de la otra mano.
-Oiga, sé que no es asunto mío y no pretendo entorpecerla pero, ¿está bien?
-Sí, sí , no se preocupe por mí, es que no he tenido muy buen día- contesté sonriendo como pude y dándole fuego.
-Los días de viento nunca son buenos. ¿Quiere un cigarrillo?- me ofreció sacando otro del bolsillo interior de su chaqueta -aunque le advierto que esta planta es de No fumadores

Esbozó una media sonrisa que me hizo reír como una idiota y cogí el cigarro sin apartar mi mirada de esos increíbles ojos verdes.

- Supongo que va a alguna fiesta - le señalé mirando su traje impecable.
- No me gustan las multitudes, prefiero la calidad antes que la cantidad.- nos miramos sin decir nada

- ¿Quiere que tomemos algo?, el bar aún andará abierto.
Sonreí y asentí mientras pasaba al ascensor tras una leve reverencia que decía algo así como "Las señoritas primero"
...

¡Ay, cariño!

Siempre te dije que no era una de esas pavas y
que aunque te quería no estaba para soportar soplapolleces. Ya he soportado
suficientes por parte masculina y que sólo quería algo de amor para hacer más
llevadera la existencia.
No es que me considere muy mayor pero desde luego
lo que me queda de vida no lo voy a pasar a tus pies.
Siempre es bonito
compartir tus cosas con alguien, y vale que haya que dar tu brazo a torcer en
ocasiones, pero nunca torcerán mi brazo contra mi voluntad, y eso lo sabías,
cielo. Tú lo sabías.
Recuerdo que sonreías y me decías que por eso te
gustaba. Que tenía una fuerte personalidad y eso me hacía especial.
A los
tios siempre os va ese toque durillo que nos dan a las chicas los vaqueros y el
cuero, pero en el fondo os gusta que aguantemos vuestras soplapolleces y , cielo
sabes qué?. Ya te advertí que no venía a eso a este cochino mundo. Te dije que
te amaba, pero que no iba a vivir por y para tí.
No sé ni como osaste
sugerirme que no saliera con ese escote, o que me maquillaba demasiado. Que era
tuya y que nadie podía mirarme, que la falda era corta y se me veían mucho las
piernas…
¡Ay, cariño! ¡Qué ingenuo eres! Claro que era tuya, pero mis
piernas son mías.
¡Qué pena que te hayas ido! Esta noche la cama parecerá
grande sin ti, aunque creo que llegaré tarde. Aún tengo que deshacerme de tu
cadáver.