viernes, 28 de noviembre de 2008

¡Ay, cariño!

Siempre te dije que no era una de esas pavas y
que aunque te quería no estaba para soportar soplapolleces. Ya he soportado
suficientes por parte masculina y que sólo quería algo de amor para hacer más
llevadera la existencia.
No es que me considere muy mayor pero desde luego
lo que me queda de vida no lo voy a pasar a tus pies.
Siempre es bonito
compartir tus cosas con alguien, y vale que haya que dar tu brazo a torcer en
ocasiones, pero nunca torcerán mi brazo contra mi voluntad, y eso lo sabías,
cielo. Tú lo sabías.
Recuerdo que sonreías y me decías que por eso te
gustaba. Que tenía una fuerte personalidad y eso me hacía especial.
A los
tios siempre os va ese toque durillo que nos dan a las chicas los vaqueros y el
cuero, pero en el fondo os gusta que aguantemos vuestras soplapolleces y , cielo
sabes qué?. Ya te advertí que no venía a eso a este cochino mundo. Te dije que
te amaba, pero que no iba a vivir por y para tí.
No sé ni como osaste
sugerirme que no saliera con ese escote, o que me maquillaba demasiado. Que era
tuya y que nadie podía mirarme, que la falda era corta y se me veían mucho las
piernas…
¡Ay, cariño! ¡Qué ingenuo eres! Claro que era tuya, pero mis
piernas son mías.
¡Qué pena que te hayas ido! Esta noche la cama parecerá
grande sin ti, aunque creo que llegaré tarde. Aún tengo que deshacerme de tu
cadáver.

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