viernes, 6 de febrero de 2009

Ranas.


''Como ranas que las niñas ingenuas creen capaces de convertir con un beso en un galán.
Como ranas que nadan en el estanque y juegan en el jardín sin intención de marchar.
Como ranas que un día quisieron huir de nuestras manos y al fin no dejaron de saltar.''



·Supongo que todo empezó porque aquella noche no podía dormir.
Las ranas no se callaban. Las miles de ranas de piedra que poblaban aquel extraño pueblo. Tan bonito y siniestro como cualquier ruralidad de los alrededores. Tan sólo decrepitas caras de mujeres que habían vivido la guerra que se llevaró a sus maridos. Hoy podridas en el silencio de sus frias casas de piedra, sin el calor de los hombres en sus inmensas camas.

Lo cierto es que desde que llegué a Croctown no había podido evitar preguntar quien había esculpido y mandado colocar todas aquellas ranas que culminaban capiteles, torres, alfeizares, fuentes, faroras, y toda clase de salientes del pueblo.

Las habitantes del pueblo se limitaban a mirarme recelosas entre sus arrugas y ojos empequeñecidos por el tiempo.
Increiblemente cada noche las ranas croaban y yo no podía dormir. Al principio pensé que sería neurosis... ya sabeis. Además esa era una de las grandes razones por las que estaba aquí, por las que había decidido alejarme de la sociedad. Perderme en un pueblo unicamente poblado por mujeres, para olvidarme de ella... de su marcha. Para odiarla un poco más y convencerme de que había más mujeres. Sin embargo este lugar estaba lleno de ancianas que no despertaban el más mínimo apetito carnal.

Como os digo las ranas que adornaban de forma pintoresca el pueblo por la noche croaban. Y a lo largo de la semana decidí armare de valor y salir por la noche a comprobar con mis propios ojos si las ranas estaban vivas de verdad.

La noche de la decisión estuve escuchando la música de mi mp3 para distraerme y a pesar de todo las oía. Cuando ya no pude más paré la música y suspiré.
Iba a hacerlo.

Bajé los pies de la cama. El suelo estaba muy frio. Me senté y poco a poco me fui levantando al compás de los chirridos de la vieja cama.
Ya depie me calcé las babuchas, cogí una linterna de mi mochila y la encendí. En este maldito pueblo no había luz eléctrica. Instintivamente miré a mi alrededor con preocupación. Nada anormal, aunque no dejaba de escuchar esas ranas. De todos modos decidí bajar la escalera con cautela.
Al llegar a la puerta agarré el pomo con fuerza y lo giré sin pensar demasiado.

El sonido de las ranas se volvió ensordecedor. Miles de ranas croando a la vez, ranas de piedra, de hierro, ranas falsas artificiales y croando. El terroro me invadió y hasta la linterna se me cayó de las manos cuando instintivamente me las llevé a las orejas.

Al cabo de no poco rato logré recomponerme y abrir los ojos. Fue entonces cuando la vi. Vestida de un azul resplandeciente en aquella oscuridad, como irradiando su propia luz.
No tendría más de 12 años y era rubia como una muñeca.
¿Qué haría una niña tan pequeña sola en medio de la plaza, en medio de todas esas ranas?
En todo el tiempo que llevaba en aquel pueblo no había visto más que viejas.

La niña parecía encantada con el canto de las ranas. Reía, bailaba y jugaba mientras ellas croaban sin parar, miles de ranas de piedra y hierro.

De pronto notó mi presencia y su expresión cambió totalmente. Su mirada se volvió demoniaca y fija en mi. He de decir que me heló la sangre y me quedé clavado al suelo, sin poder dar un paso.

-¿Tú, qué haces aquí? No hay hombres en este lugar. ¡Vete!¡¡Vete!!

Su voz era la de una vieja pero con una fuerza inusitada. Jamás había visto nada semejante. Su luz angelical se había convertido en siniestra. Y su inocencia en una presencia que se apoderaba de todo.

Las ranas no dejaban de croar e incluso lo hacían con más fuerza. Más y más fuerte ensordeciendome.

-¡¡Vete!!¡¡Vete de aquí!!

Salí corriendo y me encerré en la casa.
Pánico.

¿Quien era aquella abominación de la inocencia?
¿Cómo era posible el canto de las ranas inertes de hierro y piedra?
¿Brujería?
No, yo no creía en esas cosas. Eso no existe.
Pero,¿ entonces?

Realmente no lo entendía, sólo sé que me largué de allí lo más rápido que pude. Sin dejar de oir a las ranas tras de mi.

3 comentarios:

Linkshändig dijo...

Joder... y después me dices que no escribes bien y que no tienes buenas ideas... Manda cojones...

Te quiero, mi vida!!

Marta dijo...

A mi me encanta la foto del título del blog. Simplemente genial.

Paula dijo...

He visto últimamente un anuncio en la tele de cuarto milenio, que salía una niña así, más o menos.

Quiero continuación!!Besotes!Te quiero!!