miércoles, 11 de marzo de 2009

El futuro es incierto

Salí a comprar pintauñas azul. Desde que vi Requiem por un Sueño las llevo de ese color. Llámalo frikismo, yo lo llamo estupidez.

Crucé la calle pensando en la ''cita'' que tenía aquella tarde con Jorge. Estaba algo nerviosa, pues hacía tiempo que no le veía y estas cosas de quedar por las buenas ponen nervioso a cualquiera.
Sabía que todo habría cambiado y que tras tanto tiempo, lo único que quedaba del Jorge que conocí, eran las patillas.
Aún así me hacía ilusión verle con la simple excusa de que me debía un mojito.

La tienda de cosméticos estaba cerrada. Siempre salgo con la hora pegada al culo. Me fastidió enormemente, ya que pensaba ponerme saldalias aquella tarde.
Compré el pan y volví a casa, para pintarme las uñas de manos y pies del clásico brillo, elegante pero informal...
Mientras la pasta cocía sonó el teléfono.
-¿Sí?- era Dani. Quería que le prestara un libro y prometí llevarselo antes de ver a Jorge.
Cuanto más pronunciaba su nombre, menos ganas tenía de verle.

Tras comer y tirarme un rato en el sofá a ver programas insulsos, salí de casa pensando en llevarle el libro a Dani con tiempo para estar en el Naif a las 8.
Al bajar del bus ví a Dani, se había vuelto a cortar el pelo. Cada vez que le veía lo llevaba de una manera, siempre ha sido un inconformista, lo supe desde la primera vez que le vi pintando cascos en las mesas de clase.
Le saludé y le di el libro antes de salir corriendo en dirección al punto de encuentro.

Hacía bastante más fresco que por la mañana y me arrepentí de no haberme llevado algo de más abrigo. El ''vestido de niña fantasma'' se movía con el viento y el bolso colgado de mi hombro derecho daba golpecitos rítmicos en mi pierna al caminar.

No podía quitarme de la cabeza las dichosas patillas de Jorge. ¿De qué iba a hablar con él?¿Cómo sería ahorá? No podía pasar horas tomando mojitos con unas patillas. Sí, era totalmente absurdo, pero ¿Quién era ese Jorge??Y por qué conocía más a sus patillas que a él?

La calle se estrechaba y tuve que hacer un pequeño quiebro para dejar paso a un chico.

Me dí la vuelta. Ese chico... Me quedé parada y seguí su marcha con mi mirada. Dobló la esquina a paso seguro y desapareció. Permanecí mirando hacia atrás más de medio minuto y reconozco que quien me viera pensáría que estoy totalmente chiflada. Pero esque la cuestión de las patillas de Jorge me parecía absurda y tenía la sensación de conocer más a aquel tio de la calle que a Jorge.

Vale, me detengo. Sé que pensareis que estoy totalmente imbecil pero no se me ocurrió otra cosa que perseguir al tio a cierta distancia.
Siempre me han molado estos temas de película de espías aunque reconozco ser una cobarde. Por eso no entiendo cómo pudo ocurrírseme semejante niñería.

Le seguí por mucho rato. Por poco atravesamos todo Madrid a pie. El muy tacaño no cogía un maldito metro.

Miré el reloj. Eran menos cuarto. Debía avisar a Jorge o quedaría como una gilipollas. No me importaba mucho su opinión, pero tenía cariño a sus patillas, así que puede decirse que me disculpé con ellas.
Le mandé un sms contandole una milonga de que si el trabajo tal... el tiempo... el stress... Siempre he odiado esa palabra, pero para un sms queda muy elegante.

La cosa es que llegué hasta una cafetería donde el colega entró y pidió un batido de vainilla. He de reconocer que me quedé a cuadros por la prisa que se había dado en llegar a un estupido batido de vainilla. Aunque no sé por qué decidí pedir lo mismo y me hice la tonta mirando el reloj como si esperase a alguien.
¿Esperaría él a alguien?
La verdad es que no tenía cara de esperar a nadie.
Parecía un tipo muy serio pero tenía ganas de decirle algo.

¿Sabeis esos momentos en los que quieres levantarte y decir ''Hola'' pero a la vez piensas ''no seas imbecil, vas a parecer una psicótica''? Pues esto era algo así.

Estuve pensando un rato y al final decidí hacer ''la clásica''

-¿Perdona tienes fuego?
- Si, claro.- buscó en un bolsillo de su camisa y me dió fuego.
- Gracias- le dije sonriendo
- De nada- él no me sonrió, pero hizo una mueca extraña que le quedó de lujo.

Volví a mi mesa.
Quería sentarme con él. Quería conocerle. Quería que mi vida cambiase, pero como ya os he dicho soy una cobarde.

El cigarro se consumió, el batido se acabó y yo decidí volver a casa.
Al salir del bar le dejé allí con un libro de poesía, medio cigarro y medio batido de vainilla.

Mi vida volvió a ser como siempre.

2 comentarios:

Linkshändig dijo...

El mundo está lleno de perdedores. Mi vida se ha basado en ello, en perder. Reconozco a los perdedores.

Si tú fueses una perdedora... creemé si te digo que te odiaría, porque no hay nada que odie más que perder.
Y contigo he tenido éxito. Soy feliz.

Te amo más que mi mismo.

Paula dijo...

Me encanta que le hayas perseguido. Tendríamos que saberlo todo sobre ese chico. La cantidad de personas y oportunidades que no te brinda la vida...