miércoles, 13 de mayo de 2009

A última hora

Cuando llego a casa y veo a Juan en el sofá sentado, tranquilo; suspiro, le saludo y le beso el pelo.
Si Juan no está en el sofá corro por el pasillo llamándole.

Casi siempre está en el baño, afeitándose o duchándose, ganando tiempo al día siguiente. Yo le pregunto por su día, sonrío y le abrazo antes de irme a la cocina a preparar la cena para ambos.

Meto un par de cuencos con consomé en el microondas, filetes a la satén y saco de la nevera el tomate frito que tanto le gusta. Mientras los cuencos giran iluminados como un par de danzantes enamorados, yo voy preparando las pastillas de Juan.

Para cuando él llega a la cocina está todo listo sobre la mesa. Se sienta y prueba un poco del filete con tomate. Me sonríe y le doy la mano.
Observo como se toma las pastillas con el consomé.
Él se da cuenta.
Me mira y parece que su rostro va a romperse en mil pedazos de cristal.

Siento como los trozos de Juan caen sobre la mesa, sobre los filetes, contra los vasos, haciéndolos añicos. Sobre el tomate frito esparciéndolo por todas partes. Rebotan por toda la cocina como canicas sin control.

Acerco mi segunda mano a Juan, abrazando la suya con las mías y le miro a los ojos.

Mira su fría mano abrazada entre las mías y muy lentamente separa sus finos labios para decirme

- Gracias.

Yo le sonrío para que no tenga miedo.

El tomate rojo cubre toda la cocina.

2 comentarios:

Víctor Hugo. dijo...

¡¡¡Hey!!!

No quiero ni pensar qué sería de la vida sin "las perlas de Marta" :)

Linkshändig dijo...

Está muy bien.
De vez en cuando paso para ver a los verdaderos escritores. xD

Me gusta... la habitación roja, como el cielo.

Te quiero, no lo olvides.