jueves, 26 de febrero de 2015

Tú eres mi chapapote.

¿Te acuerdas del chapapote que cubrió hace años las costas de Galicia? Era una sustancia como densa y a la vez blandengue. La gente la cogía con guantes de fregar, pero en sus propias manos y se mantenía. Flotaba sobre el agua y se quedaba pegada a todo. Lo limpiaban y limpiaban con sus trajes blancos y amarillos, como los que usaban para el ébola. Lo recogían con palas y rastrillos... y cuando parecía que la playa quedaba más despejada y limpia llegaba una ola y lo llenaba todo de chapapote de nuevo: rocas, arena, hierba, animales. Todo convertido en nada.

Tú eres mi chapapote.

No importa cuantas veces limpie mi playa, cuando sube la marea todo se mancha de nuevo de esa viscosidad aceitosa que no sé cómo arrancar, de ese negro infinito que no sé cómo aclarar.


Todo Galicia se volcó en ayudar a la costa. Todo el país. Cientos de personas voluntarias viajaron a Galicia para limpiar, a echar una mano para que el mar volviera a ser azul. Y poco a poco con ayuda de todos el chapapote fue desapareciendo. Poco a poco, aunque parecía imposible el chapapote iba menguando y el mar se fue limpiando.

"Pasará. Verás como pasará." Son las palabras que más me han repetido en estos meses. Y sí, es verdad que ya no es tanto el chapapote que queda en la playa, ni tanta la negrura. Me siento en una roca y veo que la mancha es un poco más pequeña, más gris, que aunque su brillante color me llama y cautiva, tengo que intentar pensar en mi playa. La playa que está cada día más bonita.
Ya puedo correr, puedo reir, (me han obligado a reir entre muchos voluntarios). Puedo respirar y hasta tengo unos cuantos niños jugando a ser músicos en ella.

Pero me pregunto muy a menudo ¿volverán a ser la playa y el mar como eran antes del chapapote?
Y tengo miedo de que entre el mar azul y olor a mar queden restos de hidrocarburo. Y que nosotros, pobres ilusos, no sepamos apreciarlo; pero que los mejillones en sus bateas noten que su mar nunca volvió a ser el mismo.

Tú eres mi chapapote. Y así es el hidrocarburo: capaz de lo mejor y de lo peor; de dar calor de hogar y de arruinar toda mi playa.

¿Volveré a sentirme del todo aún sin ti?

Supongo que estas son dudas que sólo el tiempo resolverá, porque aún no sé hablar con los mejillones.



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